Llega Abril y Portugal ya está preparado para la gran fiesta de la memoria. Hace 50 años, en una madrugada de Abril, un grupo de jóvenes capitanes del ejército portugués se inventó el Golpe de Estado más hermoso de la Historia, y en vez de muerte y ruido, se coronaron los fusiles con claveles rojos, inaugurando así el símbolo más reconocible de las revoluciones pacíficas del siglo XX. Hace 50 años oficinistas, amas de casa y niños recibían eufóricos en las calles de Lisboa a los militares que invadían las plazas y las avenidas con tanques sin que nadie sintiera miedo, sólo esperanza.

Hace 50 años no sólo se anunció en la televisión pública la caída de una dictadura oscura e infeliz que duró la eternidad insoportable de 48 años, sino también el final de una guerra lejana e innecesaria que asesinó a más de 100.000 de inocentes en África. Hace 50 años la urgencia de la democracia invadió aeropuertos, ministerios y cuarteles y miles de presos políticos, represaliados y exiliados supieron que ya podían, por fin, volver a casa. Hace 50 años un valiente capitán llamado Manuel Luis da Costa Barata Silvério se despidió de su mujer en Estremoz y se jugó su carrera en nombre de un país libre y donde el fado fuera sólo una canción, no el destino inevitable del pueblo portugués.

Este año los portugueses celebramos los 50 años del 25 de Abril, la Revolución de los Claveles, el orgullo de un ejército que se levantó empujado por la lucha de campesinos, estudiantes y miles de mujeres que durante más de cuarenta años se opusieron a la represión y el fascismo. Recordamos este Abril que la Libertad es un músculo que requiere ejercicio, oxígeno y muchísimo cuidado y al que infectan virus tan fétidos como la ignorancia, el miedo y la demagogia. Por eso este año, recordar Abril es una lección de Historia y de Democracia. Hoy, más que nunca, Viva o 25 de Abril!
Una de las primeras y más urgentes medidas de la pegajosa dictadura de Antonio de Oliveira Salazar fue la creación en 1933 del implacable Secretariado de Propaganda Nacional, encargado de reeducar el pueblo portugués en el nuevo y alucinado ideario fascista alrededor de un líder paternal que lideraba como un padre el rumbo de la, aunque hambrienta, gran nación portuguesa. Se mitificó la historia del país aún a costa de transformar nuestros castillos medievales en un parque temático hortera del fascismo y a la ruralidad, y su inherente miseria, se le otorgó una épica patriótica basada en modestia y sumisión. Durante 48 años la Dictadura se esforzó para que los portugueses fueran pobres, pero honrados.

(Socorro)
Y por supuesto, callados y sumisos. Todo medio de comunicación o espacio cultural y artístico fue objeto del hipócrita “lápiz azul” que usaban los sesudos funcionarios de la Comisión de Censura para evitar que cualquier texto, canción o película pudiera subvertir y difamar el espíritu cateto y provinciano de la dictadura. Miles de mentes libres, como el filósofo Agostinho da Silva o la excepcional escritora Maria Archer, fueron forzados a un exilio ingrato a miles de kilómetros de su familia y su casa, huyendo de la funesta policía política encargada de amargar la existencia a un país cada día más aislado culturalmente.
Los escritores que se quedaron en aquel Portugal cerrado y mohoso, como Miguel Torga, Herberto Helder, Vergílio Ferreira o mi admirada Natalia Correia, vieron su obra censurada y confiscada. Portugal fue obligado a susurrar y los periódicos se llenaron de medias palabras. Publicar se convirtió en un acto heroico, como bien lo sufrieron María Isabel Barreno, María Teresa Horta y María Velho da Costa, acusadas de atentado contra la moral del Estado tras publicar “Novas Cartas Portuguesas”, el libro más importante del feminismo portugués.

(Todo prohibido, que pesados)
Con la revolución del 25 de Abril de 1974 se liberaron los libros y la palabra, y lo que es más importante, se devolvió a Portugal el derecho a usarla sin miedo a ser perseguido, preso o torturado. Por la libertad de expresión, porque no hay mayor opresión que la del pensamiento, por el derecho a cantar y a escribir y a decir, fascismo nunca mais!
En este año de celebraciones y festejos, están previstos centenas de conciertos, retrospectivas, coloquios y presentaciones por todo el país, mientras que los medios de comunicación se vuelcan en publicar especiales dedicados al festivo más importante de la Democracia portuguesa. Más allá de políticos y militares famosos, se rescata el papel de muchos de los protagonistas olvidados de la Revolución de los Claveles, con especial atención a las mujeres que durante años han quedado relegadas al anonimato.

El profundo trabajo sobre presas políticas, sindicalistas, médicas y activistas que lleva publicando este año Público es un viaje durísimo a ese Portugal de antes de ayer en el que una mujer, por ley, era inferior a un hombre. Durante los años de la dictadura su privacidad, su sexualidad, su trabajo o su vida, tenía tan poco valor que el asesinato de una mujer a veces no era castigado ni con la cárcel. La exposición “Mulheres do meu país” que la Fudación Gulbenkian dedica al trabajo de la gran Maria Lamas refleja el dolor y la injusticia que se abatía sobre de las mujeres pobres de aquel Portugal salazarista, donde su existencia se arrastraba por el peso del trabajo manual, el analfabetismo, el parir sin descanso y cuidados médicos y los malos tratos. Maria Lamas, de la que ya te he hablado más de una vez, fue una escritora y periodista valiente cuyos reportajes claramente feministas la llevaron varias veces a la cárcel y, como no, al exilio.

(Gracias, Maria Lamas)
Emociona escuchar la voz de una anciana Maria Lamas en la entrevista dos días después del 25 de Abril de 1974 que el podcast Retratos de Abril ha rescatado y que está causando furor entre mis queridas primas Teresa y Joana. Se la escucha tan feliz, tan emocionada, tan llena de esperanza, ella que, como el mismo Portugal, había pasado penurias, persecuciones, ostracismo y fue encerrada meses en la más oscura y solitaria de las cárceles del régimen. Ese día, en la radio, el futuro de Maria Lamas era incierto, pero libre. Como el de todos nosotros. 25 de Abril, sempre!
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