Una Carta de Miedo 

La memoria de los nuestros

Mucho antes del truco o trato y de las gominolas con forma de calabaza ya en los pueblos de Portugal se pedían bolinhos, santorinhos y el Pão por Deus de puerta en puerta cada 1 de Noviembre. Porque ni todas las tradiciones son celtas y para ancestrales ya están nuestros muertos, un año después del Terremoto de 1755 de Lisboa miles de desahuciados miserables empezaron a suplicar “pan, por Dios” a la puerta de las casas de los pocas las familias que habían sobrevivido con alguna fortuna a la mayor tragedia natural de nuestra historia. 
 
Pero no hay recuerdo dramático que un niño no logre transformar en una tradición gozosa y divertida. Durante siglos, las calles de los pueblos portugueses se han llenado de voces infantiles que, entre risas y bromas, han pedido de casa en casa dulces y frutos secos repitiendo retahílas como “bolinhos e bolinhós, para mim e para vós, para dar aos finados, que estão mortos e enterrados, recordando que los muertos también pueden pertenecer a la parte de feliz de la vida. 
 

(Paula Rego, Contos Populares Portugueses)

En Estremoz mi hermana Margarida y yo celebrábamos el día de Todos los Santos pidiendo los “santinhos” a las vecinas, que llenaban nuestras bolsas de tela con valiosísimas castañas, nueces y almendras que partíamos con más ansia que pericia en el patio de la casa encalada de mis abuelos. Y con ese botín orgullosamente ganado, peregrinábamos al precioso cementerio blanco del pueblo para ayudar a las mujeres mayores a fregar las tumbas de mármol de sus amores y llenarlas de flores frescas y olorosas, porque aunque uno esté muerto debe estar siempre limpio y presentable. Estoy convencida que la muerte solo nos llegará cuando dejen de querer vernos guapos.

Malos de verdad 
 
No hay nada más democrático que la maldad. Desde reyes visionarios al más humilde de los chatarreros, pasando por solteronas infelices, ministros pedófilos y millonarios insaciables, la Historia de Portugal está repleta de seres horrendos, personajes mezquinos e indignos cuyas fechorías dan más miedo que cualquier cuento de fantasmas que mueven armarios y cambian libros de sitio.
 
Hemos tenido un asesino que mataba siguiendo instrucciones de la Virgen María, otro que anunciaba el fin del mundo en su canal de Youtube y hasta un “Destripador de Lisboa”, cuya identidad, como buen misterio, nunca se ha descubierto. Pero hay una asesina cuya vileza sigue desconcertando a la sociedad portuguesa, incapaz de procesar la maldad sin justificación. Se llamaba Luisa de Jesus, una chica de poco más de veinte años que en 1772 fue condenada por el asesinato de 33 niños y que es considerada la primera y más sádica serial killer portuguesa.

 
(Mala que te matas)

Pero ya sabemos que los crímenes más hediondos trascienden a la sangre. En la hipócrita dictadura de Salazar, el escándalo que debería haber avergonzado la católica Portugal, acabó con dos prostitutas en la cárcel y el que sería el primer ministro más carismático de nuestra democracia, Mario Soares, desterrado por defender a las víctimas. Fue el caso Ballet Rose, que implicó a aristócratas, ministros, curas y a una decena de pederastas asquerosos en la violación de niñas pobres a las que nadie pidió perdón. La perversión de aquellos actos jamás fue juzgada y permitió la impunidad que años más tarde daría lugar al escándalo de la Casa Pia. Y esto sí que es maldad, institucional y gratuita.     
BU! 

Como en el resto de Europa, la moda por las historias fantasmagóricas llegó a Portugal en el siglo XIX de la mano del Romanticismo. Romanceros, fábulas tenebrosas y leyendas supuestamente terroríficas fueron publicados en revistas y periódicos de la época para susto de los ávidos lectores que buscaban el terror en las grutas, montes y castillos abandonados de sus pueblos.
 
La hermosa villa de Sintra, con su sierra rodeada por brumas casi mágicas, fue uno de los lugares favoritos para situar no sólo aquellas asustadoras historias, como para construir palacios basados en principios esotéricos que aún hoy son motivo de excursiones. Fue tal el furor místico de aquellos años que ni el gran Eça de Queirós fue capaz de resistirse a escribir una de las novelas de terror más chulas de la literatura portuguesa, “El Misterio de la Carretera de Sintra”.


(Todo mal en Portugal))

Pero más allá de cuentos sobre almas atormentadas y princesas moras, la cultura popular portuguesa es una recopilación de cuentos violentos, muñecos grotescos que asustan a los niños por las callejuelas oscuras de las aldeas del norte de Portugal e iglesias cubiertas de calaveras, como la horripilante Capela dos Ossos, en Évora. Si tu plan favorito es que te reciban con un “Nosotros, los huesos que aqui estamos, por los vuestros esperamos”, este es tu sitio. Yo prefiero esperarte en el bar de enfrente tomándome un vino, que soy muy cagueta.

Unos platos (de susto) de despedida  

La marca de lozas más cachonda (y original) de Portugal, LOOL, acaba de crear una colección exclusiva para el Museo Thyssen Bornemisza en Madrid.
Te lo cuento con mucho orgullo, porque los sellos que cada quincena acompañan las Cartas Portuguesas son creación suya. Parabéns, querido amigo Paulo Oliveira
Y hoy te dejo con David Fonseca y su U Know Who I Am, para que se la cantes a tu persona favorita. Yo ya lo he hecho.

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Te escribo dentro de quince días.
Obrigada por leres esta carta.

Rita Barata Silvério
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